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abril 08, 2020

EL VIRUS INDEXADO: Familia del CORONAVIRUS (COVID-19)

No hay otra cosa más monotemática en este momento que no sea la pandemia global provocada por el Coronavirus (Covid-19).
Hay un sin fin de informaciones para prevenir, conocer y meditar sobre los estudios pasados, presentes y futuros que representa este virus para la humanidad. Sin embargo es recomendable revisar información científica para centrarse mejor en un conocimiento más especializado, mirado quizá a través de un microscopio. 
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julio 18, 2019

CORDÓN NEURAL por Elon Musk / Iain Menzies Banks

Los libros de Ciencia Ficción son solo lecturas entretenidas para estimular la imaginación, ¿o quizás no? ¿Qué pasa cuando los libros exploran muchos de los temas que preocupan al mundo de la tecnología en este momento? ¿Qué pasaría si una de esas historias se hiciera realidad? Pues algo de eso hablaremos hoy presentándote a una peculiar startup: Neuralink.

El más reciente proyecto empresarial del sudafricano Elon Musk, llamado Neuralink, es una “compañía de investigación médica” que hará interfaces cerebro-computadora. Los proyectos de Musk se inspiran con frecuencia en la ciencia ficción, y ésta es una referencia directa a un dispositivo llamado “cordón neural”, inventado por el novelista británico Iain M. Banks para su serie “Culture”. En esos libros, los personajes desarrollan una malla semiorgánica en sus córtex cerebrales, lo que les permite interactuar de forma inalámbrica con una Inteligencia Artificial y crear copias de seguridad de sus mentes.

Tener un encaje neural, en la ficción de Banks, hacía a las personas esencialmente inmortales: si morían, eran revividas desde el último respaldo. Sin embargo, Musk no está buscando la inmortalidad, o al menos no ha declarado que ese sea su objetivo principal. A pesar de que ha dicho públicamente en varias ocasiones que le gustaría cargar y descargar pensamientos, posiblemente para luchar contra una inteligencia artificial malvada, se imagina que los productos de prueba de Neuralink serán electrodos implantados para tratar la epilepsia y la depresión. Serán muy similares a los implantes actuales para tratar el Parkinson, que funcionan al regular la actividad eléctrica del cerebro.
La compañía es financiada en su totalidad por Elon Musk o por Founders Fund, una firma de capital de riesgo fundada por Peter Thiel. En el momento de su fundación (oficialmente en marzo de 2017), se informó que la compañía había contratado a tres personas: Vanessa Tolosa, ingeniera del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y experta en electrodos flexibles; Philip Sabes, profesor de la Universidad de California en San Francisco, que estudia cómo el cerebro controla el movimiento, y Timothy Gardner, un profesor de la Universidad de Boston que es conocido por implantar diminutos electrodos en el cerebro de aves para estudiar los mecanismos cerebrales involucrados en su cantar.

El trabajo de Neuralink se basará en más de una década de trabajos sobre interfaces cerebro-computadora exitosas (BCI), comenzando con BrainGate, una tecnología temprana que permite a las personas escribir mensajes en una computadora seleccionando letras una a una en una pantalla (precisamente el mismo dispositivo cerebral que utiliza el físico Stephen Hawking para comunicarse).
Funciona conectándose a la corteza motora del cerebro: cuando la persona piensa en moverse, ese pensamiento se traduce en movimientos de un cursor. Pero este método todavía es bastante lento, y la compañía de Musk espera acelerar las cosas.

Otros experimentos de BCI han involucrado el uso de computadoras para controlar los movimientos de insectos y ratas. El infame “RoboRat”, desarrollado en 2002, era un dispositivo que se le implantaba a una rata el cual podía hacerla girar hacia la derecha o la izquierda mientras caminaba estimulando las regiones cerebrales relacionadas con las sensaciones derecha/izquierda en sus bigotes, así como desde sus centros de recompensa (comida). Hoy en día, este tipo de tecnología es tan común que existe un kit de ciencia dirigido a niños llamado RoboRoach, que permite a los niños colocar un implante cerebral en una cucaracha para controlar sus movimientos (increíble pero cierto).

No está claro qué tan bien funcionarían dispositivos como el RoboRat y el RoboRoach en humanos, cuyos cerebros son mucho más complejos y aún poco conocidos. Pero eso no detiene a Musk, quien es conocido por hacer prototipos primero y hacer preguntas después. Él le dijo a la revista Vanity Fair que “ya somos ciborgs” y que “una interfaz significativa de cerebro parcial está a sólo cuatro o cinco años de distancia”. Muchos critican este exceso de optimismo, aunque recientemente pudo demostrar que su palabra es genuina con el lanzamiento del cohete Falcon 9 de su empresa SpaceX al espacio con relativo éxito.

La inspiración

Musk, como muchas otras personas en estos días, pasa mucho tiempo pensando acerca de la inteligencia artificial y hacia dónde podría llevarnos. En 2015, ayudó a crear una organización llamada Open AI, una fundación sin fines de lucro que explora la mejor manera de garantizar que la inteligencia artificial termine sirviendo a los humanos, en lugar de desplazarlos. Las novelas de Banks, algunas de las cuales tienen 30 años, toman esta idea de la inteligencia artificial con la misma seriedad.
Pero Banks es un escritor demasiado talentoso y cínico para hacer que su mundo sea realmente una Utopía, de hecho, es todo lo contrario. Muchos de sus protagonistas están insatisfechos con una vida fácil y se encuentran al margen de la sociedad perfecta. Liberada del trabajo, la cultura se ha obsesionado con la moda, las modas y las minucias de las jerarquías sociales. Y los dioses de la inteligencia artificial, incluso los benévolos, tienen implicaciones incómodas: Banks no está del todo claro si los humanos (y los drones) son algo más que mascotas consentidas para las “mentes” que realmente dirigen el espectáculo.

Y esto es lo que quizás resulte lo más importante de la búsqueda de Musk, quien ha expresado preocupaciones similares. “Seremos como un labrador mascota si tenemos suerte”, dijo en 2015, cuando se le preguntó acerca de la relación que los humanos podrían tener con las máquinas súper inteligentes. Preocupaciones similares son la razón última detrás de Neuralink. Sólo un cerebro humano tecnológicamente aumentado, piensa el sudafricano, tiene alguna posibilidad de ser capaz de mantener el ritmo de lo artificial, y Neuralink es el primer paso en la construcción de ese cerebro.

Todo esto puede parecer increíblemente grandioso. Las preocupaciones sobre las computadoras hiperinteligentes que mantienen a los humanos como mascotas pueden parecer insultantemente teóricas en un mundo donde miles de millones de personas ni siquiera cuentan con una conexión a Internet. Pero si bien la ciencia ficción ha superado estas ideas, no deja de ser eso todavía: ciencia ficción.

Sobre el conservadurismo ante la idea

Quizás el tema más importante aquí sería algo que se puede definir con un término: “transhumanismo”. Es un término que lleva años debatiéndose, que tiene que ver con los rápidos avances de la ciencia y la tecnología, y que aterra muchísimo a los conservadores. Se trata de que los humanos llegarán a momento de su evolución en el que podrán optimizar a tal punto su humanidad que ésta simplemente comience a dejar de existir: el transhumanismo es la frontera entre los humanos y las máquinas. De hecho, dio de qué hablar muchísimo en el año 2014 cuando se estrenó “Transcendence”, la película de ciencia ficción de Wally Pfister, producida por Christopher Nolan y protagonizada por Johnny Depp.

Para un científico, pensar en cambiar la naturaleza fundamental de los virus que crean vida, la eugenesia, etc., plantea un espectro que muchos biólogos encuentran bastante preocupante, mientras que los neurocientíficos, cuando piensan en chips en el cerebro, no lo ven tan extraño. De hecho, ya hay experiencia con chips en el cerebro, como mencionamos anteriormente con los electrodos que se utilizan para tratar el Parkinson. Y podríamos estar seguros de que cuando la gente lo aprenda, como en algún momento lo hará, la mayoría, en lugar de estar escandalizada, estará de acuerdo. ¿O no?
¿Hasta qué punto la búsqueda de Musk es una búsqueda anti-humana?
Sea lo que sea que pensemos sobre esto o incluso más allá de lo que Elon Musk y Neuralink logren en el ámbito neuro-científico, parece que el transhumanismo es algo inminente, y la gente se irá acostumbrado poco a poco a él. Recordemos que antes había mucha timidez con respecto a la cirugía ocular con láseres, pero ya unos años después, a finales de los años 90s, era recurrente en los hospitales del primer mundo y aproximadamente 20.000 personas se practicaban dicho procedimiento al año.

Hoy, ya prácticamente no existe discusión sobre eso, y ese número ha crecido a 2 millones de cirugías oculares con láser al año. Una historia similar sucedió con los marcapasos, los desfibriladores y los trasplantes de órganos, que al principio la gente consideró un concepto francamente “frankensteiniano”. Ah, y probablemente vaya a suceder lo mismo con los trasplantes parciales o totales de cerebro (aunque este debate es un poco más complicado).

La otra gran pregunta sobre el tema es:

¿Cómo Elon Musk convertirá esto en un negocio?

A diferencia de Open AI, Neuralink es una empresa con fines de lucro, lo que significa que debería tener un plan de negocios. Y sí, de hecho lo tiene. A futuro, esta empresa pretende sacar al mercado productos de interface cerebro-maquina que se puedan utilizar para aliviar dolencias convencionales o incluso complejas.

Neuralink tiene el potencial de acelerar rápidamente el desarrollo de un “cordón neural”, el cual ha sido descrito por el propio Musk como una “capa digital sobre la corteza que podría funcionar bien y simbióticamente” con la persona que lo porta, de una manera similar al concepto de cibercerebro de la serie de anime Ghost in the Shell, aunque en forma de dispositivo auxiliar en lugar de la unidad de alojamiento más invasiva que se ve en el anime (y en la película). Los cordones neuronales actuarían como una interfaz que regularía el intercambio de datos sin permitir un acceso sin restricciones, para evitar que la mente se convierta en “gatos domésticos” para la inteligencia artificial.

Una vez que esta tecnología alcance la madurez, nuestra forma de vida sufrirá una revolución y la tecnología probablemente estará disponible a bajo costo. Se podrían notar los siguientes cambios:

*Los alumnos podrían “ir a la escuela” simplemente permitiendo que la interfaz “dirija” sus experiencias y pensamientos directamente a la conciencia, en lugar de pasar por el trabajo de leer, escuchar e interpretar los alimentos sensoriales.

**Una nueva profesión surgiría: trabajadores mentales; con capacitación de bajo costo (patrones alimentados en el cerebro), las personas pueden “arrendar” su “hora mental” según las condiciones que se estipulen entonces.

***Una vez que los programas y sistemas se desarrollen para interactuar con un gran número de trabajadores mentales, esto se convertiría en una nueva forma de empleo con una sola calificación: una mente especializada en funcionamiento.

****La comunicación basada en canales mentales sería posible, y abriría las puertas a un nuevo tipo de relaciones.

*****Los sentimientos y los pensamientos se convertirían en productos básicos para el intercambio y la compra, lo que abriría el camino a nuevas industrias, por ejemplo, en el ámbito de los medios y el entretenimiento.

******Desafíos económicos como la baja productividad y la polarización del mercado laboral se aliviarían y como resultado, se disminuiría notoriamente la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres se habría minimizado aún más.
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Estas son sólo unas pocas ideas de lo que podría ocurrir en un escenario como este, pero lo cierto es que nuestras vidas serían radicalmente distintas a como lo son en la actualidad. Y es que es precisamente ésa la consecuencia natural de los grandes avances de la tecnología y Neuralink no será la excepción a la regla.

Aunque, claro, esto no se viene sin controversias de orden económico. Generalmente, quienes critican a Elon Musk tienen un argumento poderoso, y es que el hombre se ha convertido en una de las 100 personas más ricas del planeta (de acuerdo con Forbes) a punta de inversiones de terceros en empresas que aún no han podido recuperar sus inversiones. Por eso, el modelo de Neuralink está aún menos claro que el de Tesla o el de SpaceX, pues se supone que sus resultados se verán en un largo plazo, pero nadie está exactamente seguro de cuándo y, hasta entonces, ninguno de los accionistas de la empresa verá retorno alguno de su aporte.

junio 04, 2018

AÑO 2035, ROBOTS EMPLEADOS EN MÁS DE 50%

De la mano de un informe elaborado por una consultora y una entidad educativa se reanimó el miedo porque la planta trabajadora sea reemplazada por máquinas. Según dicho estudio esto sucederá finalmente en el año 2035.
La ilusión de que las máquinas reemplazarán al ser humano se asentúa cada vez más conforme pasa el tiempo y se potencian las innovaciones tecnológicas. Del terror infundado por las narrativas provinientes del género de la ciencia ficción se ha llegado a una realidad que ya no deja lugar a dudas de hacia dónde se encamina el mundo en donde hombres y carcasas inteligentes empiezan a convivir.
Aunque muchas veces esta idea se tomó con asombro y hasta con miedo, tal y como si un capítulo de la legendaria serie estadounidense The Twilight Zone pudiera retratar cómo los robots empezarían a llevar a cabo actividades que antes sólo estaban en manos de los seres humanos, hoy se toma esta idea con más naturalidad e incluso se piensa en que el crecimiento demográfico de robots podría mejorar la calidad de vida de los seres humanos.
En este sentido, un estudio llevado a cabo por Nomura Research Institute (NRI) junto con la Universidad de Oxford y recientemente difundido llegó a la conclusión de que hacia el año 2035 el 49% de las tareas laborales serán realizadas por robots, los cuales ya son considerados entidades virtuales.
Si bien ambas entidades decidieron publicar el informe advirtiendo que se trata de un cálculo hipotético, basado en una evaluación de unos 600 tipos de empleos, el mismo genero un gran impacto en las actividades que fueron mencionadas como las más proclives a contar con reemplazos de máquinas.
Aunque muchas empresas ya han manifestado por distintos medios la intensión de lograr mayor practicidad sumando robots a sus gestiones, como es el caso más renombrado de Amazon que incorpora drones para el envío de los pedidos y otros tipos de robots para el área logística, otros tantos sectores se ven amenazados pero no esperan el simbronazo tecnológico que está por llegar.
Entre esos sectores el agrícola es uno de los que empiezan a recibir la mano mecánica en lugar de la del hombre para las labores de fuerza quitándole a los operarios los riesgos físicos que pudieran sufrir durante su desempeño. Por otra parte, y sin miedo a que pierdan una mano trabajando, otro sector que se busca robotizar es el de los escritores y periodistas a los cuales se los reemplazará por sistemas más que por máquinas, es decir, por softwares más que por simples hardwares.
El sector que sin duda está evidenciado cada vez más el cambio de tareas es el de los call center, mesas de ayuda, delivery de productos y prácticas médicas que cuentan con un pack de atributos tecnológicos que reemplazan al ser humano, desde aplicaciones y máquinas virtuales hasta sistemas de alta complejidad.
Lo que el estudio ha dejado por fuera de dicha amenaza son las tareas vinculadas con la creatividad, tanto artesanos como artistas parecen no estar amenazados aún por la llegada de la vida inteligente a sus segmentos, aunque no todo está dicho al término de este artículo. Hay que decir que en el año 2013, los eruditos Carl Benedikt Frey y Michael A.
Osborne aseguraron en un informe llamado “The future of employment: How susceptible are jobs to computeristation” que sólo en Estados Unidos los robots reemplazarían el 47% de los empleos llevados a cabo por el ser humano, mientras que en el Reino Unido sucedería una taza de reemplazo del 35%. Sin dudas, señales de que el miedo y la amenaza siempre existieron desde la Revolución Industrial hasta hoy.
¿Con qué tipos de robots ya convivimos?
Mientras que algunos presagian que estos cambios serán beneficiosos para mejorar la calidad de vida del hombre en la tierra, existen los que con ideas más tremendistas auguran un futuro en donde el desempleo sea masivo gracias al reemplazo de la plaza humana por la robótica.
La realidad es que la convivencia con robots ya es un hecho y en la actualidad varias tareas estan en manos de los mecánicos cuerpos cada vez más inteligentes. Veamos algunos ejemplos:
La Universidad de Northwestern desarrolló Narrative Sience, un software capaz de redactar notas periodísticas libre de errores de ortografía y en simultáneo con los acontecimientos. Rápidamente fue contratado por el portal The Big Ten Network para la cobertura de los encuentros de baseball y softball.
Según el dueño del portal y de Fox Cable “Es considerablemente más barato para nosotros seguir este camino que tratar detener nuestro propio reportero en cada uno de los juegos”. Un claro ejemplo de donde ya no es necesario tener a un periodista tomando notas.
Como dijimos anteriormente, otro ejemplo es el de los call center en donde un número de cubículos con telemarketers adentro atendiendo el teléfono o haciendo llamadas representa una cifra importante de inversiones para un empleador.
Deberías saber que los cajeros automáticos y las máquinas de autoservicio llegaron a nuestras vidas al mismo tiempo que lo hizo el asistente virtual, aquel que atiende el teléfono y realiza llamadas para concretar ventas de productos. El empresario baja el costo por el mantenimiento de cada empleado y vende más.
Pero la robótica no esta abocada solamente a cubrir puestos de oficinistas, también se ha desarrollado un robot con forma de serpiente capáz de llevar adelante tareas de rescatistas durante un desastre natural. El responsable de la idea es Satoshi Tadokoro quien se propuso complementar la tarea de los aviones no tripulados con un equipo que puede acceder a todo tipo de superficies y terrenos.
Finalmente, hasta los soldados pueden ser reemplazados por un ejército de robots y es que en la actualidad se utilizan máquinas en misiones de combate para hacer reconocimientos o tareas similares, como por ejemplo los MAARS llevados a Irak que contaron con GPS para reconocer zonas liberadas de las de ataque.
Amas de casa, asesores legales, bibliotecarios y demás máquinas se postulan para ocupar un lugar en el universo laboral. Bastará saber qué tipo de trabajos quedarán en manos de los seres humanos.

Artículo original: 
Casi el 50% de los empleados serán robots

junio 28, 2016

FASE III: COMPUTADORAS COGNITIVAS


Cognición humana, la última frontera

Las computadoras han pasado por tres fases: la fase de tabulación, la fase de programación, y ahora estamos en la nueva era de la computación, la fase cognitiva. Las tabuladoras realizaron una tarea fija, mientras que las máquinas programables pueden ser reprogramadas para ejecutar tareas diferentes sin necesidad de ningún cambio en el hardware. Las computadoras cognitivas, sin embargo, prometen capacidades de aprendizaje y de razonamiento.

La posibilidad de este tipo de máquinas plantea la pregunta: ¿es la cognición la prueba definitiva de la existencia consciente? ¿Qué sabemos acerca de la cognición? ¿Cómo se define la inteligencia? Las preguntas se acumulan. Hay algo, sin embargo, en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo: el hecho de que la comprensión del mecanismo de la cognición humana es la clave para el desarrollo de la inteligencia artificial avanzada y de las máquinas cognitivas.

Las máquinas cognitivas tienen la capacidad de aprender, y emplean la inteligencia artificial para “razonar”. La inteligencia artificial es definida como: “La ciencia de fabricar máquinas capaces de hacer cosas que requerirían de la inteligencia si fuesen realizadas por hombres”. La buena noticia es que la computación cognitiva ya no es el ejercicio esotérico de algunos futuristas. Ha sido y sigue siendo esencial para las operaciones en las que se manejan datos masivos (big-data). El siglo XXI ha asistido a una avalancha de datos procedentes de casi todos los aspectos de la vida. La tecnología ha hecho posible la generación de datos a un ritmo exponencial. El equilibrio térmico de nuestros edificios, el número de personas diagnosticadas con cáncer en los últimos seis meses, los cambios en tiempo real en las preferencias de la clientela, los perfiles étnicos de los aspirantes a la universidad, incluso las tres palabras de moda en las conversaciones en línea en este mismo momento… estos son algunos ejemplos de la clase de datos a los que tenemos acceso en la actualidad.

A medida que aumenta la cantidad de datos, se vuelve más y más difícil la tarea de procesar y de dar sentido a los datos recogidos. La natural ambición y codicia humana no quiere verse derrotada, desea usar cada bit de datos disponibles. Aquí es donde se hace imprescindible contar con una computadora que vaya más allá de la realización de tareas pre-programadas y que sea capaz de aprender sobre la marcha, sin interferencia humana. Para este tipo de computación, necesitamos la cognición.

El mayor desafío a la hora de imitar la cognición humana es entender cómo esta sucede en el cerebro. Está, obviamente, más allá de nuestra capacidad el monitorizar la actividad que nuestros cerebros llevan a cabo sin interrupción, y mucho menos el volver a crear esas maravillas. Sin embargo, constituirá un gran logro si conseguimos imitar de algún modo la cognición humana, ni siquiera parcialmente. La informática entraría en una nueva era, llena de posibilidades hasta ahora fuera de su alcance. Por ejemplo, el plan de estudios completo de un título universitario podría ser procesado por una máquina cognitiva en una fracción de segundo; semejante máquina podría asimilar toda la literatura médica en un corto plazo, proporcionando a los médicos humanos una segunda opinión sobre su diagnóstico.

A pesar de que se han producido mejoras sustanciales en el diseño de las máquinas de computación “inteligentes”, imitando el hardware del cerebro humano y simulando los procesos de toma de decisiones, actualmente se plantean tres retos fundamentales: un hardware con comparable capacidad de procesamiento y de memoria, un algoritmo de software que logre implementar un comportamiento inteligente, y la necesidad auto-adaptación y de auto-superación.

En primer lugar, la inteligencia humana no ha sido completamente descrita -sus capacidades y limitaciones nos son aún desconocidas. Esta falta de conocimiento hace difícil, y quizás hasta imposible, el comprimir la inteligencia en módulos más pequeños o más simples. De modo que no disponemos de ninguna técnica que nos permita imitar el comportamiento de un cerebro humano.

El segundo gran problema es que todavía estamos muy lejos de obtener el hardware en el que nuestra “inteligencia” software podría funcionar. La implementación de la inteligencia en computadoras convencionales, evidentemente, parece una tarea inútil. Las máquinas programables no pueden rivalizar con el cerebro humano; incluso las supercomputadoras más rápidas, con capacidad para aprovechar miles de procesadores, sólo son capaces de imitar el valor del 1% de un segundo de la actividad del cerebro humano, tarea para la que necesita 40 minutos. Por lo tanto, las computadoras cognitivas deben incorporar un tipo de arquitectura de hardware diferente de los ordenadores convencionales para lograr una cognición comparable a la de los humanos. El chip SyNAPSE de IBM es un ejemplo de hardware inspirado en el cerebro, y tiene el potencial para llevar a cabo las intensas computaciones requeridas.

Por último, el cerebro humano y su poder cognitivo están cambiando constantemente. Nuestros cerebros pueden mejorar o empeorar en función de varios factores y experiencias. Esto es también aplicable a nuestra capacidad cognoscitiva. Además, dicha mejora o deterioro puede darse en la forma de un cambio en la estructura física o en la cantidad de capacidad empleada [5]. Esta flexibilidad dinámica, también llamada “plasticidad cerebral” [6], es esencial para nuestra inteligencia. Hasta el momento no disponemos de ningún hardware de computación capaz de auto-evolución. Sin embargo, tenemos noticia de algunos desarrollos prometedores sobre la capacidad de aprendizaje de las máquinas de computación cognitiva- esto es, de su capacidad de hacer deducciones y de llegar a conclusiones que no han sido preprogramadas.


A lo largo de todo el proceso, la supervisión humana seguirá siendo la última guía en el perfeccionamiento de dicha imitación. De modo que la cognición humana, que damos por supuesta en nuestra vida cotidiana, sigue siendo la última frontera para nuestros miles de años de largo recorrido tecnológico. Una vez más, la creación ha establecido los límites para el desarrollo humano. 

Por: Adem G. Aydin
Tiene un doctorado en Ingeniería Eléctrica y Computación. Trabaja como científico ingeniero en IBM.

Link artículo original de revista CASCADA

septiembre 02, 2013

LA TRAVESÍA HUMANA hasta MARTE

1. LA MISIÓN
Pese a ser uno de los vecinos más cercanos de la Tierra, Marte está a 56 millones de kilómetros en su alineación más cercana, un viaje de al menos nueve meses. Varios vehículos ya han descendido en el Planeta Rojo y han estudiado su superficie. ¿Pero qué haría falta para llevar a un ser humano a Marte? Según algunos científicos del Imperial College de Londres que diseñasen una misión para llevar astronautas al planeta y traerlos de vuelta.

2. LA NAVE ESPACIAL
La tripulación necesitará protegerse de los rigores de un viaje de nueve meses. Largos períodos de ingravidez causan una reducción de la masa ósea y pérdida muscular, así que la nave está diseñada para generar su propia gravedad artificial girando en el espacio. El uso de escudos disminuirá, pero no eliminará, la amenaza de la radiación solar cósmica.

Vehículo de navegación
Al despegar, la tripulación estará en el módulo de descenso, pero una vez en la órbita de la Tierra se trasladarán al vehículo de navegación. Entonces, los dos vehículos se separarán, permaneciendo unidos por un cable de acero. Propulsiones cortas de ambos harán que la nave gire, generando una gravedad similar a la de la Tierra.

Atadura
La atadura consistirá en un cable de acero de 60 metros que unirá el vehículo de navegación con el de descenso, permitiéndoles rotar alrededor de un eje. En caso de que se produzca una erupción solar, la tripulación recuperará el cable y atraerá al módulo de descenso, posicionando sus escudos de calor hacia el Sol para protegerse de la radiación lo máximo posible dentro del vehículo de navegación.

Módulo de descenso
Una vez que la nave llegue a la órbita marciana, los dos vehículos se volverán a unir y la tripulación regresará al módulo de descenso. Entonces éste descenderá a la superficie de Marte, usando el escudo de calor para moderar su velocidad y evitar que se queme. Se desplegarán paracaídas para frenar todavía más al módulo y unos propulsores lo guiarán hasta la superficie.

3. SOBREVIVIR AL VIAJE
Durante el viaje, la salud de la tripulación será controlada de cerca con sensores inalámbricos, pero dependerán completamente de la medicación a bordo de la nave y de las habilidades de los miembros de la tripulación si se enferman. El largo viaje y confinamiento podría también afectar la salud mental de la tripulación y generar conflictos. La falta de luz diurna puede afectar sus patrones de sueño, causando potencialmente mala concentración y afectando el trabajo en equipo.

4. AMARTIZAJE
Después de nueve largos meses en el espacio, la tripulación conducirá el módulo de descenso hacia la superficie marciana, realizando un amartizaje bastante convencional para un viaje tan excepcional. Las palabras que pronuncien los primeros humanos que ponen sus pies en otro planeta necesitarán 20 minutos para viajar a la Tierra.

5. EXPLORANDO MARTE
Los científicos proponen un lugar para el descenso cercano al ecuador marciano, donde las condiciones son relativamente buenas, con una temperatura media de -30º Celsius, similar al invierno antártico en la Tierra. La tripulación vivirá en un módulo enviado con anterioridad en una misión no pilotada.
Una vez en el planeta, los astronautas llevarán a cabo experimentos geológicos y atmosféricos. También perforarán la corteza marciana en busca de pruebas de que organismos vivos simples habitaron una vez Marte. La duración de su estadía podría ser de tan sólo tres meses o hasta de dos años, dependiendo del alineamiento de la Tierra con Marte.

6. REGRESO

Enviar una nave a Marte con el combustible suficiente para un viaje de ida y vuelta será costoso. Así que se enviará un vehículo de regreso con anterioridad en una misión no tripulada, descendiendo en una latitud donde el hielo sólo exista debajo de la superficie. Un aparato robótico buscará el hielo y lo descompondrá en oxígeno e hidrógeno usando electrólisis. Esto se empleará para generar metano que impulsará el vehículo de regreso a la órbita marciana, donde se acoplará al vehículo de navegación para realizar el largo viaje de regreso a la Tierra.

agosto 05, 2013

SIBGRAPI en AREQUIPA

La Conferencia de Gráficos, Patrones e Imágenes (SIBGRAPI) es el evento mejor rankeado en Latinoamérica en todas las áreas relacionadas a computación. Este evento tiene 25 años de historia, en todo ese tiempo se realizó en Brasil. Esta es la primera vez que la actividad se desarrollará fuera de dicho país y el lugar escogido como sede fue Arequipa.
La Universidad Católica San Pablo de Arequipa recibirá a especialistas de diversos países. Del 5 al 8 de agosto se presentarán 120 exposiciones sobre nuevas tecnologías  relacionadas a: procesamiento de imágenes, animación y simulación, video juegos, imágenes Stereo/3D, reconstrucción de superficies, realidad virtual y aumentada, imágenes médicas, biométrica, procesamiento visual y  análisis de documentos, interfaces gráficas, hardware gráfico, imagen y análisis de vídeo, entre otras. Arequipa fue seleccionada como sede porque se ha demostrado el desarrollo en esta área, a través de los profesionales que se han especializado en computación gráfica y por la cantidad y calidad de trabajos de investigación que efectúan sobre el tema, explicó el Dr. Alex Cuadros Vargas, coordinador general del Congreso e investigador de la Universidad Católica San Pablo.
“Hay más de 40 profesionales peruanos especializados en computación gráfica, y curiosamente más del 90% son de Arequipa. Varios están fuera del país, otros estamos acá. Lo que se busca es difundir estos conocimientos, para lo cual, SIBGRAPI es una muy buena oportunidad de hacerlo”, comentó el investigador del Programa Profesional de Ciencia de la Computación UCSP. Como ponentes principales están: Nicolás Pinto director científico y de Tecnología de dos startups de Silicon Valley, Eduard Gröller, profesor en el Instituto de Computación Gráfica y Algoritmos de la Universidad Tecnológica de Viena y Manuel M. Oliveira, profesor asociado de Ciencias de la Computación de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, en Brasil.

La edición 26 del SIBGRAPI es organizada por la Sociedad Brasileña de Computación (SBC), a través de su grupo de interés especial en procesamiento de gráficos y de imagen (CEGRAPI), en coordinación con la Sociedad Peruana de computadora (SPC), su grupo de interés especial en Computación Gráfica e imágenes (CGI) y la Universidad Católica San Pablo (UCSP).


mayo 03, 2013

ÉXITO ALEMÁN, DESDE LA UNIVERSIDAD HASTA LA INDUSTRIA

Alemania ha desarrollado un eficaz sistema de transferencia tecnológica de los laboratorios de investigación a las plantas de producción.
Por: Stefan Theil

FELIX MICHL Y PHILIPP STAHL se inclinan sobre un reluciente robot de tres brazos en un laboratorio de la Universidad Técnica de Múnich (TUM). El artilugio toma diminutas porciones de fibra de carbono, más fibras que un cabello pero compuestas cada una por 24.000 filamentos, y las ensambla con rapidez en una estructura triangular. Los investigadores explican que la parte más delicada del proceso corresponde al desarrollo del programa informático que, a partir de un modelo computarizado en tres dimensiones (en este caso, de un sillín de bicicleta, pero bien podría ser el de una prótesis médica o una pieza de automóvil), generará las instrucciones para que el robot las coloque en una posición que garantice la máxima resistencia y durabilidad. El proyecto servirá a Michl para su tesis doctoral y a Stahl, para completar sus estudios de grado. Después, pasará a una segunda vida en las fábricas alemanas; entre ellas, las instalaciones punteras que BMW posee a unos 50 kilómetros de la ciudad medieval de Landshut, donde sus ingenieros se afanan en diseñar la próxima generación de automóviles.
Por el momento, la compañía se centra en la producción del BMW i3. Si su salida al mercado en 2013 cumple con las expectativas, será el primer automóvil to-talmente eléctrico y construido con materiales ligeros orientado a un consumo de masas. La cabina ha sido diseñada con materiales compuestos de fibra de carbono, que investigadores y estudiantes como Michl y Stahl desarrollan en los laboratorios de Múnich. En este caso, la innovación clave consiste en una técnica que permite fabricar en apenas dos minutos ciertas partes complejas del automóvil, como el chasis lateral. Gracias a ella, estos materiales compuestos de última generación pueden fabricarse por vez primera a gran escala. Tres gigantescas prensas de 320 toneladas cada una inyectan resina en las partes ya moldeadas con fibra de carbono, lo que les confiere rigidez. La empresa asegura llevar la voz cantante en la manufactura de esta clase de materiales compuestos, por delante de competidoras como Toyota o General Motors. «Nuestra pericia a la hora de acoplar todos estos componentes no es algo que nuestros rivales puedan copiar con facilidad», asegura Andreas Reinhardt, director de proyectos de BMW.
Tal vez. El flujo constante de innovación que va desde los laboratorios de investigación públicos hasta fabricantes como BMW constituye una de las claves de la economía germana. Su industria, considerada durante largo tiempo mera herrería, ha capeado la crisis financiera sin apenas mellas en los beneficios o en el número de empleados. Y ello a pesar de que, en lo que respecta al sector industrial, los trabajadores alemanes se encuentran entre los mejores pagados del mundo y ganan unas diez veces más que sus homólogos chinos. Incluso cuando las exportaciones estadounidenses se desplomaban, las alemanas mantuvieron su cuota de mercado frente a China y otros países emergentes. El crecimiento del empleo en este sector constituye una de las razones por las que, según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la tasa de paro alemana en mayo de 2012 no pasaba del 5,6 por ciento. Las fábricas del país han mantenido su competitividad a escala mundial porque sus productos, como el BMW i3, rebosan ciencia e innovación.
Una de las razones principales del éxito alemán reside en que la nación ha sabido canalizar sus logros en investigación para escalar en la carrera tecnológica, centrándose en la obtención de productos y procesos difíciles de copiar o de abaratar con salarios bajos. La industria textil proporciona un ejemplo al caso. Alemania, al igual que EE.UU. y numerosos países, perdió hace tiempo el grueso de sus fábricas de tejidos a causa de la competencia de países como China, India o Turquía. Sin embargo, sus empresas han conservado una posición dominante en el mercado de máquinas para tejer, trenzar o coser, un instrumental cada vez más complejo que ha disparado la inversión en países con mano de obra barata. Mientras tanto, no pocas empresas textiles alemanas se reconvirtieron en compañías punteras, que ahora fabrican tejidos de última generación para el sector de la automoción o el aeroespacial. Hoy, la industria textil del país se halla en la vanguardia de la investigación sobre materiales compuestos, y coopera con universidades y centros tecnológicos en el desarrollo de maquinaria de precisión para trenzar e hilar fibras de carbono; no muy distinto de lo que se hace con la lana, pero a escala microscópica. Si el país hubiese dejado de apostar por el sector textil, hoy carecería de los medios necesarios para producir los materiales compuestos de última generación que desarrollan la TUM y otros laboratorios.
La clave para llevar los resultados de la investigación desde los laboratorios hasta el mercado estriba en la estrecha colaboración entre universidades e industria de base tecnológica. La mayor parte de los grandes fabricantes alemanes dedican jugosas partidas a investigación; a menudo, mediante la compra de los resultados que obtienen instituciones ajenas. A diferencia de numerosas empresas estadounidenses, que fundan una cátedra o efectúan donaciones genéricas a un departamento universitario, las compañías alemanas suelen pedir a las universidades que les ayuden a solucionar problemas muy concretos. En la TUM, el departamento de resinas y materiales compuestos está financiado por SGL Carbón, una productora de fibras de carbono que desea averiguar qué materiales se adaptarán mejor a la próxima generación de procesos de fabricación industriales. Una docena de los estudiantes de doctorado del departamento están en la nómina de BMW, que aprovechará los resultados de sus tesis en el diseño del i3. Otros fabricantes, como KUKA (robots) y Manz (prensas para materiales compuestos), se han implicado asimismo en la actividad investigadora de la universidad.
Ahora, multiplique esa intensa colaboración por docenas de universidades técnicas y facultades de ingeniería. En la Universidad Técnica de Renania-Westfalia en Aquisgrán (RWTH Aachen), más de veinte institutos investigan en técnicas punteras de producción, en cooperación con constructores de maquinaria, empresas de robótica e informáticas, con el propósito de idear procesos industriales tan eficientes que permitan a Alemania competir con países de mano de obra barata, como China. La RWTH Aachen está construyendo un parque industrial de 2000 millones de euros para las empresas participantes. El Instituto de Tecnología de Karlsruhe, especialista en ciencia de materiales y nanotecnología, colabora con las principales compañías químicas de Alemania, como BASF, en el desarrollo de nuevas sustancias para el almacenamiento de energías renovables. En la Universidad Técnica de Dresde, investigadores, fabricantes de microcircuitos y compañías de informática cooperan para conseguir circuitos integrados que consuman cien veces menos energía que los actuales.
El Gobierno del país desempeña una función clave en todo el proceso. Además de financiar excelentes laboratorios de ciencia básica, como los 80 institutos de la red Max Planck (que cubren disciplinas tan dispares como la física de partículas o la biología evolutiva), el país cuenta con la Sociedad Fraunhofer, la institución investigadora alemana de mayor éxito económico. Sus 60 centros reciben dinero del Gobierno lo mismo que de las empresas, motivo por el que se ajustan a una estricta lógica de mercado. Su presupuesto anual, que ronda los 2000 millones de euros, se beneficia de no pocos ingresos por patentes; por ejemplo, la del formato MP3 de compresión de audio, inventado en 1989.

CONFIANZA SINGULAR
Cada instituto Fraunhofer, en asociación con las universidades cercanas, actúa de correa de transmisión para todo un conjunto de compañías ligadas al centro y entre sí. Ello se consigue gracias a colaboraciones de investigación concebidas para idear nuevos procesos y productos. Existen centros para todo sector industrial imaginable, como el de investigación de polímeros para compañías químicas, el de óptica de precisión para fabricantes de sensores y láseres, o el de nanoelectrónica para la industria de componentes informáticos.
Varios de ellos, como el Instituto Fraunhofer de Tecnología de la Producción, en Aquisgrán, investigan el desarrollo de técnicas de reducción de costes. Y en lo que respecta a la investigación sobre materiales compuestos, en la ciudad bávara de Augsburgo existe un grupo de proyectos Fraunhofer que evolucionó a partir de un laboratorio de cohetes de los tiempos de la Guerra Fría. En asociación con la TUM y más de cincuenta empresas (entre ellas, BMW, Audi y EADS, la propietaria del Airbus), el centro de Augsburgo desarrolla materiales compuestos de fibra que no derivan del petróleo, sino de la lignina, la parte leñosa de las plantas.
Otro factor que facilita la transferencia de tecnología procede de los incentivos con los que cuentan investigadores e ingenieros para saltar de la universidad a la industria, y viceversa. De media, un científico procedente de un centro Fraunhofer acaba incorporándose a la empresa en un plazo de entre cinco y diez años. Por su parte, muchos de los mejores ingenieros de la industria imparten clase en alguno de los institutos Fraunhofer o pertenecen a su equipo de dirección. Klaus Drechsler, profesor y director del Instituto de Materiales Compuestos de Carbono de la TUM, trabajó un tiempo en la compañía EADS desarrollando materiales compuestos para el Airbus. Hoy es el responsable de fundar un nuevo instituto en Augsburgo para la investigación de materiales compuestos. Este tipo de saltos profesionales, claves para la difusión de conocimiento y tecnología, no resulta tan habitual en otros países, en los que, muy a menudo, los investigadores contratados por una institución estatal permanecerán en ella durante toda su carrera.
Esa colaboración intensa y compleja entre ciencia e industria es típica de la innovación alemana. En gran parte, ha ido fraguándose durante décadas de relación entre empresas grandes y pequeñas. Hoy, gracias a esa tradición de colaboración, cada una de ellas ya sabe instintivamente qué información puede compartir con las demás y cuál ha de reservarse para sí. «Esa confianza entre compañías e instituciones, que compiten entre sí tanto como cooperan, es única. No se observa en muchos países», señala Beñat Bilbao, economista del Foro Económico Mundial y coautor del último Informe global sobre competitividad, en el que año tras año Alemania aparece en los primeros puestos. En su mayoría, estas agrupaciones han crecido y evolucionado durante decenios (y en ocasiones siglos, como los antiguos relojeros de la Selva Negra que, en la actualidad, se han convertido en los principales productores de instrumentos quirúrgicos de precisión del mundo), por lo que no resulta fácil copiarles.
Hoy, Alemania continúa creando nuevas redes para las industrias incipientes. Una de ellas es BioEconomy Cluster, en las inmediaciones de Leipzig, en la que más de 60 empresas participan en el desarrollo de métodos de producción de plásticos y otros productos sintéticos a partir de biomasa, con el objetivo de reemplazar al petróleo no solo en la obtención de energía, sino también en la de productos derivados. A la hora de crear nuevos centros, la Sociedad Fraunhofer no parte de cero, sino que comienza con compañías e instituciones especializadas. «Nuestro método se basa en tomar algo que ya funciona y regarlo para que crezca», explica Hans-Jörg Bullinger, presidente de la institución. Para la creación del nuevo instituto de materiales compuestos de carbono, la red buscó compañías y departamentos universitarios ya existentes y les proporcionó financiación, personal y servicios.
Pero la segunda lección, explica Bullinger, es el compromiso a largo plazo. Los nuevos institutos Fraunhofer tienen asegurada la financiación de manera indefinida y se gestionan por sí solos, sin otra exigencia durante los primeros cinco años que la de duplicar el capital inicial con aportaciones de compañías privadas. También la inversión en la industria mira a largo plazo. Muchas de las fábricas punteras más innovadoras son empresas familiares que no viven angustiadas por los resultados trimestrales. La típica compañía tecnológica alemana se asemeja a Trumpf, una empresa familiar casi invisible, pero que ha sido líder en láseres industriales durante más de una generación. En la actualidad, factura más de 2300 millones de euros al año. Incluso en los peores momentos de la crisis financiera, la Sociedad Fraunhofer contrató 3000 nuevos investigadores. «Muchos países han tratado de imitarnos», añade Bullinger, «pero sus esfuerzos fracasan porque piensan a corto plazo».
Ese podría ser el error fatal de la reciente propuesta del Gobierno de EE.UU. para financiar con 1000 millones de dólares una red nacional de innovación industrial concebida según el modelo de la alemana Fraunhofer. De proceder a su aprobación, en dicha red participarían entidades públicas y privadas que, en colaboración con la industria, establecerían hasta 15 centros de tecnología industrial por todo el país. Hasta aquí, perfecto. Sin embargo, la financiación solo se fija para los primeros cuatro años. En opinión de Bullinger, un plazo demasiado breve para que empresas e investigadores se impliquen en proyectos serios. «El resultado más probable será una carrera para obtener dinero del proyecto, en lugar de algo sostenible», opina Bullinger. Con todo, apunta que no dejaría de suponer un primer paso en la dirección correcta.
Desde luego, el sistema alemán adolece de sus propios puntos débiles. La mentalidad germana, tan dada a la precisión, tal vez resulte más idónea para perfeccionar técnicas ya existentes que para concebir innovaciones radicales. Y el país ha sufrido períodos de tecnofobia en los que políticos y movimientos de protesta han ahuyentado a industrias punteras muy prometedoras, como ocurrió en los años ochenta con las de biotecnología. Con todo, el empuje alemán a la innovación industrial invalida el cliché que asocia fábricas con técnicas obsoletas, al tiempo que proporciona un ejemplo de cómo competir con China. Los estudiantes que se afanan por reinventar la industria en los laboratorios universitarios de Múnich ofrecen un modelo del que todos deberíamos aprender.

Sobresaliente: Alemania supera a EE.UU. en varias medidas del Índice de Competitividad Global; entre ellas, en la calidad de sus instituciones e infraestructuras.

Artículo publicado por Investigación y Ciencia, dic. 2012

enero 23, 2013

AuTóMaTaS de ASiSTeNCiA ReMoTa


DR. ROBOT
La telemedicina podría terminar con los inconvenientes que provoca la falta de especialistas en América Latina. Altos costos y falta de regulaciones generan tensión.
Celebridades de nuestro continente ya han iniciado los gestos sociales que promueven el uso de la telemedicina asistida a distancia con la tecnología médica donada a distintos hospitales de las regiones másAUTO rurales de América del Centro y del Sur, donde habitan indígenas que no cuentan con la atención médica por el hecho de su lejanía con centros urbanos y el exiguo contacto con la civilización. Estos innovadores procedimientos permiten la atención a distancia interconectada entre los servicios de salud del país beneficiado y doctores ubicados en Los Ángeles, por citar un ejemplo.
Según cifras de la Organización Panamericana de la Salud, en América Latina la cantidad de médicos va desde los 66,3 médicos por cada 10.000 habitantes en Cuba hasta los tres que tiene Honduras. Es en este contexto donde la tecnología médica remota resulta una alternativa atractiva frente al déficit de médicos de zonas apartadas.
Los procesos médicos electrónicos, robotizados y conectados en red son parte del concepto acuñado hace una década bajo el nombre de eHealth, dentro del cual se incluye la telemedicina. América Latina necesita más médicos y tecnología que haga más expedita la atención. Brindar estos adelantos tecnológicos médicos a las localidades lejanas son una perfecta opción por las características geográficas y el hecho de que hay pocos médicos especializados en las zonas rurales.
La telemedicina se desarrolla en dos formas: síncrona y asíncrona. La primera es en tiempo real, incluye cirugías complejas y requiere conexiones de banda ancha superiores a 512 kbps.
La forma asíncrona se refiere al monitoreo de datos a distancia analizados con posterioridad a su envío, por lo que funciona con menos de 256 kbps. Sin embargo esto está sujeto a un sistema de telefonía móvil e internet de muy buena transmisión de datos, lo cual todavía es precario en la región, lo recomendable es no implementar cirugías complejas.
Esta tecnología involucra la ayuda de sectores con alta profesionalización médica hacia otros con menos recursos.
“Esta transferencia de conocimientos puede servir también para unir, en casos complejos, a especialistas de centros de excelencia globales con médicos de países menos privilegiados”, comenta Adriana Maria André, coordinadora del MBA Ejecutivo en Salud de la Fundación Getúlio Vargas en Brasil. Si en el futuro se realiza una conexión global, los especialistas estarán en cada emergencia como verdaderos súper héroes.
Por el momento, los avances en América Latina se ven privilegiados con la renovación y creación de nuevos centros de salud. “La región está un poco atrás, pero recuperando terreno con mayores inversiones. Acá se dan nueva inversión y recambio, con instituciones que apuntan a los últimos avances, y otras que cotizan a tecnología de menor valor según sus presupuestos”, dice Carlos Emilio Álvarez, director de Healthcare Phillips para la región sur de América Latina. Estos recambios de equipos están llevando la telemedicina a sectores tan apartados como la selva, el altiplano o las islas de la región.
Para Carol Hullin, líder de la División de Informática Médica del Banco Mundial y miembro de la Escuela de Salud del Instituto DUOC (dependiente de la Universidad Católica de Chile), el principal beneficio de la telemedicina hoy es este acortamiento de las distancias geográficas. “Brinda servicios hacia lugares que no existían en el mapa de la salud. Como Isla de Pascua”, agrega. Esta isla chilena que menciona Hullin está en medio del Pacífico, a cinco horas en avión del continente, y por décadas, contó sólo con un pequeño hospital de campaña llamado Hanga Roa.
Hoy este hospital está en renovación, incorporando la telemedicina. Ya posee un sistema de electrocardiograma remoto que permite tratar emergencias cardiacas con especialistas en el continente, en forma síncrona. “Lo más reciente en la isla es el ‘Arturito’, un robot que examina al paciente monitoreado en tiempo real desde Santiago”, comenta María Angélica Silva Duarte, directora del Servicio de Salud Metropolitano Oriente de Santiago, que supervisa Hanga Roa. Este “dispositivo móvil de teleasistencia” fue rebautizado en recuerdo al R2D2 de la película Star Wars.
En América Latina la brecha entre la realidad y la ciencia ficción se acorta. Según Álvarez, de Phillips, incluso la máquina de auto-operación de la película Prometeo no está muy lejos de la realidad latinoamericana. “Conozco sistemas de intervención quirúrgica manejados a distancia de forma robótica. En el futuro podría un médico desde Chile operar hacia Argentina, es decir, aplicar la robótica a la intervención quirúrgica”, comenta.
Con estos avances, cambia también cómo percibimos la medicina. “Cada vez más, ante un problema de salud, se piensa en qué tecnología médica o dispositivo me puede ayudar. La pregunta irá cambiando desde qué fármaco tomas hacia qué dispositivo usas”, señala Ricardo Sánchez, director regional de la compañía Medtronic para el Cono Sur.
Recorrer largas distancias hasta un centro de salud. Gastar dinero y tiempo en búsqueda de especialistas. Ésta es la realidad de millones de latinoamericanos.
En este contexto, la telemedicina se presenta como un remedio ideal a esta situación crítica. Sin embargo, todavía existen ciertos obstáculos para su expansión.
Salvo excepciones, la tecnología médica no aparece entre las prioridades de las políticas públicas regionales, en gran parte porque benefician a sectores apartados. No a grandes masas de población urbana y sus votos en las urnas.
A ello se suman los altos costos de estas tecnologías. “Acá se necesita tiempo, pues los presupuestos son menores a los países del primer mundo y los costos son una limitante”, explica Mariano Pablo Groiso, de IBM. Además, el vacío legal que existe en América Latina tampoco ayuda. El uso de la telesalud exige la gradual construcción de un marco ético y legal complejo, que no sólo debe abordar la relación del médico y el paciente, sino el acceso a la información confidencial de los enfermos. Algo delicado en una era donde prácticamente todo es hackeable.
“Estamos en la era digital y en el futuro los países dependerán de una buena salud para progresar”, recalca Carol Hullin. Los especialistas coinciden en que América Latina es territorio fértil para la telemedicina. Ya tenemos a “Arturito”; quedamos a la espera de los demás robots.

BHONAZGUNN