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abril 08, 2020

EL VIRUS INDEXADO: Familia del CORONAVIRUS (COVID-19)

No hay otra cosa más monotemática en este momento que no sea la pandemia global provocada por el Coronavirus (Covid-19).
Hay un sin fin de informaciones para prevenir, conocer y meditar sobre los estudios pasados, presentes y futuros que representa este virus para la humanidad. Sin embargo es recomendable revisar información científica para centrarse mejor en un conocimiento más especializado, mirado quizá a través de un microscopio. 
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julio 18, 2019

CORDÓN NEURAL por Elon Musk / Iain Menzies Banks

Los libros de Ciencia Ficción son solo lecturas entretenidas para estimular la imaginación, ¿o quizás no? ¿Qué pasa cuando los libros exploran muchos de los temas que preocupan al mundo de la tecnología en este momento? ¿Qué pasaría si una de esas historias se hiciera realidad? Pues algo de eso hablaremos hoy presentándote a una peculiar startup: Neuralink.

El más reciente proyecto empresarial del sudafricano Elon Musk, llamado Neuralink, es una “compañía de investigación médica” que hará interfaces cerebro-computadora. Los proyectos de Musk se inspiran con frecuencia en la ciencia ficción, y ésta es una referencia directa a un dispositivo llamado “cordón neural”, inventado por el novelista británico Iain M. Banks para su serie “Culture”. En esos libros, los personajes desarrollan una malla semiorgánica en sus córtex cerebrales, lo que les permite interactuar de forma inalámbrica con una Inteligencia Artificial y crear copias de seguridad de sus mentes.

Tener un encaje neural, en la ficción de Banks, hacía a las personas esencialmente inmortales: si morían, eran revividas desde el último respaldo. Sin embargo, Musk no está buscando la inmortalidad, o al menos no ha declarado que ese sea su objetivo principal. A pesar de que ha dicho públicamente en varias ocasiones que le gustaría cargar y descargar pensamientos, posiblemente para luchar contra una inteligencia artificial malvada, se imagina que los productos de prueba de Neuralink serán electrodos implantados para tratar la epilepsia y la depresión. Serán muy similares a los implantes actuales para tratar el Parkinson, que funcionan al regular la actividad eléctrica del cerebro.
La compañía es financiada en su totalidad por Elon Musk o por Founders Fund, una firma de capital de riesgo fundada por Peter Thiel. En el momento de su fundación (oficialmente en marzo de 2017), se informó que la compañía había contratado a tres personas: Vanessa Tolosa, ingeniera del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y experta en electrodos flexibles; Philip Sabes, profesor de la Universidad de California en San Francisco, que estudia cómo el cerebro controla el movimiento, y Timothy Gardner, un profesor de la Universidad de Boston que es conocido por implantar diminutos electrodos en el cerebro de aves para estudiar los mecanismos cerebrales involucrados en su cantar.

El trabajo de Neuralink se basará en más de una década de trabajos sobre interfaces cerebro-computadora exitosas (BCI), comenzando con BrainGate, una tecnología temprana que permite a las personas escribir mensajes en una computadora seleccionando letras una a una en una pantalla (precisamente el mismo dispositivo cerebral que utiliza el físico Stephen Hawking para comunicarse).
Funciona conectándose a la corteza motora del cerebro: cuando la persona piensa en moverse, ese pensamiento se traduce en movimientos de un cursor. Pero este método todavía es bastante lento, y la compañía de Musk espera acelerar las cosas.

Otros experimentos de BCI han involucrado el uso de computadoras para controlar los movimientos de insectos y ratas. El infame “RoboRat”, desarrollado en 2002, era un dispositivo que se le implantaba a una rata el cual podía hacerla girar hacia la derecha o la izquierda mientras caminaba estimulando las regiones cerebrales relacionadas con las sensaciones derecha/izquierda en sus bigotes, así como desde sus centros de recompensa (comida). Hoy en día, este tipo de tecnología es tan común que existe un kit de ciencia dirigido a niños llamado RoboRoach, que permite a los niños colocar un implante cerebral en una cucaracha para controlar sus movimientos (increíble pero cierto).

No está claro qué tan bien funcionarían dispositivos como el RoboRat y el RoboRoach en humanos, cuyos cerebros son mucho más complejos y aún poco conocidos. Pero eso no detiene a Musk, quien es conocido por hacer prototipos primero y hacer preguntas después. Él le dijo a la revista Vanity Fair que “ya somos ciborgs” y que “una interfaz significativa de cerebro parcial está a sólo cuatro o cinco años de distancia”. Muchos critican este exceso de optimismo, aunque recientemente pudo demostrar que su palabra es genuina con el lanzamiento del cohete Falcon 9 de su empresa SpaceX al espacio con relativo éxito.

La inspiración

Musk, como muchas otras personas en estos días, pasa mucho tiempo pensando acerca de la inteligencia artificial y hacia dónde podría llevarnos. En 2015, ayudó a crear una organización llamada Open AI, una fundación sin fines de lucro que explora la mejor manera de garantizar que la inteligencia artificial termine sirviendo a los humanos, en lugar de desplazarlos. Las novelas de Banks, algunas de las cuales tienen 30 años, toman esta idea de la inteligencia artificial con la misma seriedad.
Pero Banks es un escritor demasiado talentoso y cínico para hacer que su mundo sea realmente una Utopía, de hecho, es todo lo contrario. Muchos de sus protagonistas están insatisfechos con una vida fácil y se encuentran al margen de la sociedad perfecta. Liberada del trabajo, la cultura se ha obsesionado con la moda, las modas y las minucias de las jerarquías sociales. Y los dioses de la inteligencia artificial, incluso los benévolos, tienen implicaciones incómodas: Banks no está del todo claro si los humanos (y los drones) son algo más que mascotas consentidas para las “mentes” que realmente dirigen el espectáculo.

Y esto es lo que quizás resulte lo más importante de la búsqueda de Musk, quien ha expresado preocupaciones similares. “Seremos como un labrador mascota si tenemos suerte”, dijo en 2015, cuando se le preguntó acerca de la relación que los humanos podrían tener con las máquinas súper inteligentes. Preocupaciones similares son la razón última detrás de Neuralink. Sólo un cerebro humano tecnológicamente aumentado, piensa el sudafricano, tiene alguna posibilidad de ser capaz de mantener el ritmo de lo artificial, y Neuralink es el primer paso en la construcción de ese cerebro.

Todo esto puede parecer increíblemente grandioso. Las preocupaciones sobre las computadoras hiperinteligentes que mantienen a los humanos como mascotas pueden parecer insultantemente teóricas en un mundo donde miles de millones de personas ni siquiera cuentan con una conexión a Internet. Pero si bien la ciencia ficción ha superado estas ideas, no deja de ser eso todavía: ciencia ficción.

Sobre el conservadurismo ante la idea

Quizás el tema más importante aquí sería algo que se puede definir con un término: “transhumanismo”. Es un término que lleva años debatiéndose, que tiene que ver con los rápidos avances de la ciencia y la tecnología, y que aterra muchísimo a los conservadores. Se trata de que los humanos llegarán a momento de su evolución en el que podrán optimizar a tal punto su humanidad que ésta simplemente comience a dejar de existir: el transhumanismo es la frontera entre los humanos y las máquinas. De hecho, dio de qué hablar muchísimo en el año 2014 cuando se estrenó “Transcendence”, la película de ciencia ficción de Wally Pfister, producida por Christopher Nolan y protagonizada por Johnny Depp.

Para un científico, pensar en cambiar la naturaleza fundamental de los virus que crean vida, la eugenesia, etc., plantea un espectro que muchos biólogos encuentran bastante preocupante, mientras que los neurocientíficos, cuando piensan en chips en el cerebro, no lo ven tan extraño. De hecho, ya hay experiencia con chips en el cerebro, como mencionamos anteriormente con los electrodos que se utilizan para tratar el Parkinson. Y podríamos estar seguros de que cuando la gente lo aprenda, como en algún momento lo hará, la mayoría, en lugar de estar escandalizada, estará de acuerdo. ¿O no?
¿Hasta qué punto la búsqueda de Musk es una búsqueda anti-humana?
Sea lo que sea que pensemos sobre esto o incluso más allá de lo que Elon Musk y Neuralink logren en el ámbito neuro-científico, parece que el transhumanismo es algo inminente, y la gente se irá acostumbrado poco a poco a él. Recordemos que antes había mucha timidez con respecto a la cirugía ocular con láseres, pero ya unos años después, a finales de los años 90s, era recurrente en los hospitales del primer mundo y aproximadamente 20.000 personas se practicaban dicho procedimiento al año.

Hoy, ya prácticamente no existe discusión sobre eso, y ese número ha crecido a 2 millones de cirugías oculares con láser al año. Una historia similar sucedió con los marcapasos, los desfibriladores y los trasplantes de órganos, que al principio la gente consideró un concepto francamente “frankensteiniano”. Ah, y probablemente vaya a suceder lo mismo con los trasplantes parciales o totales de cerebro (aunque este debate es un poco más complicado).

La otra gran pregunta sobre el tema es:

¿Cómo Elon Musk convertirá esto en un negocio?

A diferencia de Open AI, Neuralink es una empresa con fines de lucro, lo que significa que debería tener un plan de negocios. Y sí, de hecho lo tiene. A futuro, esta empresa pretende sacar al mercado productos de interface cerebro-maquina que se puedan utilizar para aliviar dolencias convencionales o incluso complejas.

Neuralink tiene el potencial de acelerar rápidamente el desarrollo de un “cordón neural”, el cual ha sido descrito por el propio Musk como una “capa digital sobre la corteza que podría funcionar bien y simbióticamente” con la persona que lo porta, de una manera similar al concepto de cibercerebro de la serie de anime Ghost in the Shell, aunque en forma de dispositivo auxiliar en lugar de la unidad de alojamiento más invasiva que se ve en el anime (y en la película). Los cordones neuronales actuarían como una interfaz que regularía el intercambio de datos sin permitir un acceso sin restricciones, para evitar que la mente se convierta en “gatos domésticos” para la inteligencia artificial.

Una vez que esta tecnología alcance la madurez, nuestra forma de vida sufrirá una revolución y la tecnología probablemente estará disponible a bajo costo. Se podrían notar los siguientes cambios:

*Los alumnos podrían “ir a la escuela” simplemente permitiendo que la interfaz “dirija” sus experiencias y pensamientos directamente a la conciencia, en lugar de pasar por el trabajo de leer, escuchar e interpretar los alimentos sensoriales.

**Una nueva profesión surgiría: trabajadores mentales; con capacitación de bajo costo (patrones alimentados en el cerebro), las personas pueden “arrendar” su “hora mental” según las condiciones que se estipulen entonces.

***Una vez que los programas y sistemas se desarrollen para interactuar con un gran número de trabajadores mentales, esto se convertiría en una nueva forma de empleo con una sola calificación: una mente especializada en funcionamiento.

****La comunicación basada en canales mentales sería posible, y abriría las puertas a un nuevo tipo de relaciones.

*****Los sentimientos y los pensamientos se convertirían en productos básicos para el intercambio y la compra, lo que abriría el camino a nuevas industrias, por ejemplo, en el ámbito de los medios y el entretenimiento.

******Desafíos económicos como la baja productividad y la polarización del mercado laboral se aliviarían y como resultado, se disminuiría notoriamente la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres se habría minimizado aún más.
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Estas son sólo unas pocas ideas de lo que podría ocurrir en un escenario como este, pero lo cierto es que nuestras vidas serían radicalmente distintas a como lo son en la actualidad. Y es que es precisamente ésa la consecuencia natural de los grandes avances de la tecnología y Neuralink no será la excepción a la regla.

Aunque, claro, esto no se viene sin controversias de orden económico. Generalmente, quienes critican a Elon Musk tienen un argumento poderoso, y es que el hombre se ha convertido en una de las 100 personas más ricas del planeta (de acuerdo con Forbes) a punta de inversiones de terceros en empresas que aún no han podido recuperar sus inversiones. Por eso, el modelo de Neuralink está aún menos claro que el de Tesla o el de SpaceX, pues se supone que sus resultados se verán en un largo plazo, pero nadie está exactamente seguro de cuándo y, hasta entonces, ninguno de los accionistas de la empresa verá retorno alguno de su aporte.

junio 24, 2014

VIAJE EN EL TIEMPO: FASE de EXPERIMENTACIÓN




Un grupo de investigadores de la Universidad de Queensland, en Australia, simularon cómo dos fotones viajando en el tiempo interactúan, lo que sugiere que podría ser posible saltar a través del tiempo al menos a nivel cuántico, informa 'DailyMail'.

A continuación, algunos experimentos:
Chronovisor fue el nombre dado a un artefacto que se decía era capaz de ver los eventos pasados y futuros. Su existencia fue alegada por el Padre François Brune (nacido en 1931), autor de varios libros sobre fenómenos paranormales y la religión. En su libro Nuevo Misterio del Vaticano afirmó que el aparato había sido construido por el sacerdote y científico italiano Marcello Pellegrino Ernetti. Mientras el Padre Ernetti era una persona real, la existencia (y mucho menos la funcionalidad) del cronovisor nunca se confirmó.

"Billy" Eduard Albert Meier (nacido el 3 de febrero 1937) es un ciudadano de Suiza, que afirma ser contactado por extraterrestres y un profeta. También es poseedor de muchas polémicas fotografías de temática OVNI, que él afirma son la evidencia de sus encuentros. Meier ha reportado contacto regular con extraterrestres que él llama Plejaren (aliens de más allá de la Pléyades) describiéndolos como una especie de alienígenas Nórdicos humanoides. Tal como se relata en la versión íntegra del libro Message from the Pleiades, Vol. 2 (en español Mensaje de las Pléyades, Vol. 2), Meier regresó en el tiempo gracias al extraterrestre Asket donde se reunió personalmente con Jmmanuel,7 acusado de ser el verdadero Jesús, y le dijo a Meier que la evolución de Meier fue superior a la del propio Jmmanuel, diciendo: "En verdad, su evolución ha procedido por más de 2000 años, hecho que no he considerado " (página 512). El contacto con Jmmanuel duró cuatro días y después Meier fue devuelto a la actualidad.

El incidente Moberly-Jourdain, o también llamado los Fantasmas del Petit Trianon de Versalles, fue un evento que ocurrió el 10 de agosto 1901 en los jardines del Petit Trianon, el pequeño castillo en los jardines del Palacio de Versalles, donde supuestamente experimentaron un viaje al pasado, y vieron a María Antonieta, así como otras personas de la misma época. Después de investigar la historia del palacio, y comparar de la descripción de su experiencia, en 1911 ellas publicaron su trabajo en un libro titulado An Adventure (Una Aventura), bajo los nombres de Elizabeth Morison y Frances Lamont. Su historia causó sensación, y fue objeto de muchas burlas

El Experimento Filadelfia es el nombre que se le da a un experimento militar naval que supuestamente llevó a cabo en el Astillero Naval de Filadelfia en Pensilvania, EUA, en algún momento alrededor del 28 octubre de 1943. Se alega que el destructor de escolta los Estados Unidos "USS Eldridge" fue diseñado para volverse ópticamente invisible para que no pudiera ser detectado por el enemigo. Este experimento también se conoce como Proyecto ArcoIris. Algunos informes afirman que el buque de guerra regresó en el tiempo por 10 segundos; sin embargo, la cultura popular ha representado mucho más grandes saltos temporales. La historia es ampliamente considerada como un engaño. La Armada de EE.UU. sostiene que no hubo tal experimento, y los detalles de la historia contradicen hechos sobre el Eldridge, así como las leyes conocidas de la Física. Sin embargo, la historia ha capturado la atención de los creyentes de las teorías conspirativas, y los elementos del Experimento Filadelfia son mencionados en otras teorías conspirativas del gobierno estadounidense.

El Proyecto Montauk son una serie de proyectos secretos del gobierno de los Estados Unidos, supuesta mente realizado en el Camp Hero o estación de la Fuerza Aérea de Montauk en Montauk, Long Island, con el propósito de hacer investigaciones exóticas, incluyendo viajes en el tiempo. Jacques Vallée describe las alegaciones del Proyecto Montauk como una consecuencia de las historias sobre el Experimento Filadelfia.

septiembre 02, 2013

LA TRAVESÍA HUMANA hasta MARTE

1. LA MISIÓN
Pese a ser uno de los vecinos más cercanos de la Tierra, Marte está a 56 millones de kilómetros en su alineación más cercana, un viaje de al menos nueve meses. Varios vehículos ya han descendido en el Planeta Rojo y han estudiado su superficie. ¿Pero qué haría falta para llevar a un ser humano a Marte? Según algunos científicos del Imperial College de Londres que diseñasen una misión para llevar astronautas al planeta y traerlos de vuelta.

2. LA NAVE ESPACIAL
La tripulación necesitará protegerse de los rigores de un viaje de nueve meses. Largos períodos de ingravidez causan una reducción de la masa ósea y pérdida muscular, así que la nave está diseñada para generar su propia gravedad artificial girando en el espacio. El uso de escudos disminuirá, pero no eliminará, la amenaza de la radiación solar cósmica.

Vehículo de navegación
Al despegar, la tripulación estará en el módulo de descenso, pero una vez en la órbita de la Tierra se trasladarán al vehículo de navegación. Entonces, los dos vehículos se separarán, permaneciendo unidos por un cable de acero. Propulsiones cortas de ambos harán que la nave gire, generando una gravedad similar a la de la Tierra.

Atadura
La atadura consistirá en un cable de acero de 60 metros que unirá el vehículo de navegación con el de descenso, permitiéndoles rotar alrededor de un eje. En caso de que se produzca una erupción solar, la tripulación recuperará el cable y atraerá al módulo de descenso, posicionando sus escudos de calor hacia el Sol para protegerse de la radiación lo máximo posible dentro del vehículo de navegación.

Módulo de descenso
Una vez que la nave llegue a la órbita marciana, los dos vehículos se volverán a unir y la tripulación regresará al módulo de descenso. Entonces éste descenderá a la superficie de Marte, usando el escudo de calor para moderar su velocidad y evitar que se queme. Se desplegarán paracaídas para frenar todavía más al módulo y unos propulsores lo guiarán hasta la superficie.

3. SOBREVIVIR AL VIAJE
Durante el viaje, la salud de la tripulación será controlada de cerca con sensores inalámbricos, pero dependerán completamente de la medicación a bordo de la nave y de las habilidades de los miembros de la tripulación si se enferman. El largo viaje y confinamiento podría también afectar la salud mental de la tripulación y generar conflictos. La falta de luz diurna puede afectar sus patrones de sueño, causando potencialmente mala concentración y afectando el trabajo en equipo.

4. AMARTIZAJE
Después de nueve largos meses en el espacio, la tripulación conducirá el módulo de descenso hacia la superficie marciana, realizando un amartizaje bastante convencional para un viaje tan excepcional. Las palabras que pronuncien los primeros humanos que ponen sus pies en otro planeta necesitarán 20 minutos para viajar a la Tierra.

5. EXPLORANDO MARTE
Los científicos proponen un lugar para el descenso cercano al ecuador marciano, donde las condiciones son relativamente buenas, con una temperatura media de -30º Celsius, similar al invierno antártico en la Tierra. La tripulación vivirá en un módulo enviado con anterioridad en una misión no pilotada.
Una vez en el planeta, los astronautas llevarán a cabo experimentos geológicos y atmosféricos. También perforarán la corteza marciana en busca de pruebas de que organismos vivos simples habitaron una vez Marte. La duración de su estadía podría ser de tan sólo tres meses o hasta de dos años, dependiendo del alineamiento de la Tierra con Marte.

6. REGRESO

Enviar una nave a Marte con el combustible suficiente para un viaje de ida y vuelta será costoso. Así que se enviará un vehículo de regreso con anterioridad en una misión no tripulada, descendiendo en una latitud donde el hielo sólo exista debajo de la superficie. Un aparato robótico buscará el hielo y lo descompondrá en oxígeno e hidrógeno usando electrólisis. Esto se empleará para generar metano que impulsará el vehículo de regreso a la órbita marciana, donde se acoplará al vehículo de navegación para realizar el largo viaje de regreso a la Tierra.

mayo 03, 2013

ÉXITO ALEMÁN, DESDE LA UNIVERSIDAD HASTA LA INDUSTRIA

Alemania ha desarrollado un eficaz sistema de transferencia tecnológica de los laboratorios de investigación a las plantas de producción.
Por: Stefan Theil

FELIX MICHL Y PHILIPP STAHL se inclinan sobre un reluciente robot de tres brazos en un laboratorio de la Universidad Técnica de Múnich (TUM). El artilugio toma diminutas porciones de fibra de carbono, más fibras que un cabello pero compuestas cada una por 24.000 filamentos, y las ensambla con rapidez en una estructura triangular. Los investigadores explican que la parte más delicada del proceso corresponde al desarrollo del programa informático que, a partir de un modelo computarizado en tres dimensiones (en este caso, de un sillín de bicicleta, pero bien podría ser el de una prótesis médica o una pieza de automóvil), generará las instrucciones para que el robot las coloque en una posición que garantice la máxima resistencia y durabilidad. El proyecto servirá a Michl para su tesis doctoral y a Stahl, para completar sus estudios de grado. Después, pasará a una segunda vida en las fábricas alemanas; entre ellas, las instalaciones punteras que BMW posee a unos 50 kilómetros de la ciudad medieval de Landshut, donde sus ingenieros se afanan en diseñar la próxima generación de automóviles.
Por el momento, la compañía se centra en la producción del BMW i3. Si su salida al mercado en 2013 cumple con las expectativas, será el primer automóvil to-talmente eléctrico y construido con materiales ligeros orientado a un consumo de masas. La cabina ha sido diseñada con materiales compuestos de fibra de carbono, que investigadores y estudiantes como Michl y Stahl desarrollan en los laboratorios de Múnich. En este caso, la innovación clave consiste en una técnica que permite fabricar en apenas dos minutos ciertas partes complejas del automóvil, como el chasis lateral. Gracias a ella, estos materiales compuestos de última generación pueden fabricarse por vez primera a gran escala. Tres gigantescas prensas de 320 toneladas cada una inyectan resina en las partes ya moldeadas con fibra de carbono, lo que les confiere rigidez. La empresa asegura llevar la voz cantante en la manufactura de esta clase de materiales compuestos, por delante de competidoras como Toyota o General Motors. «Nuestra pericia a la hora de acoplar todos estos componentes no es algo que nuestros rivales puedan copiar con facilidad», asegura Andreas Reinhardt, director de proyectos de BMW.
Tal vez. El flujo constante de innovación que va desde los laboratorios de investigación públicos hasta fabricantes como BMW constituye una de las claves de la economía germana. Su industria, considerada durante largo tiempo mera herrería, ha capeado la crisis financiera sin apenas mellas en los beneficios o en el número de empleados. Y ello a pesar de que, en lo que respecta al sector industrial, los trabajadores alemanes se encuentran entre los mejores pagados del mundo y ganan unas diez veces más que sus homólogos chinos. Incluso cuando las exportaciones estadounidenses se desplomaban, las alemanas mantuvieron su cuota de mercado frente a China y otros países emergentes. El crecimiento del empleo en este sector constituye una de las razones por las que, según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la tasa de paro alemana en mayo de 2012 no pasaba del 5,6 por ciento. Las fábricas del país han mantenido su competitividad a escala mundial porque sus productos, como el BMW i3, rebosan ciencia e innovación.
Una de las razones principales del éxito alemán reside en que la nación ha sabido canalizar sus logros en investigación para escalar en la carrera tecnológica, centrándose en la obtención de productos y procesos difíciles de copiar o de abaratar con salarios bajos. La industria textil proporciona un ejemplo al caso. Alemania, al igual que EE.UU. y numerosos países, perdió hace tiempo el grueso de sus fábricas de tejidos a causa de la competencia de países como China, India o Turquía. Sin embargo, sus empresas han conservado una posición dominante en el mercado de máquinas para tejer, trenzar o coser, un instrumental cada vez más complejo que ha disparado la inversión en países con mano de obra barata. Mientras tanto, no pocas empresas textiles alemanas se reconvirtieron en compañías punteras, que ahora fabrican tejidos de última generación para el sector de la automoción o el aeroespacial. Hoy, la industria textil del país se halla en la vanguardia de la investigación sobre materiales compuestos, y coopera con universidades y centros tecnológicos en el desarrollo de maquinaria de precisión para trenzar e hilar fibras de carbono; no muy distinto de lo que se hace con la lana, pero a escala microscópica. Si el país hubiese dejado de apostar por el sector textil, hoy carecería de los medios necesarios para producir los materiales compuestos de última generación que desarrollan la TUM y otros laboratorios.
La clave para llevar los resultados de la investigación desde los laboratorios hasta el mercado estriba en la estrecha colaboración entre universidades e industria de base tecnológica. La mayor parte de los grandes fabricantes alemanes dedican jugosas partidas a investigación; a menudo, mediante la compra de los resultados que obtienen instituciones ajenas. A diferencia de numerosas empresas estadounidenses, que fundan una cátedra o efectúan donaciones genéricas a un departamento universitario, las compañías alemanas suelen pedir a las universidades que les ayuden a solucionar problemas muy concretos. En la TUM, el departamento de resinas y materiales compuestos está financiado por SGL Carbón, una productora de fibras de carbono que desea averiguar qué materiales se adaptarán mejor a la próxima generación de procesos de fabricación industriales. Una docena de los estudiantes de doctorado del departamento están en la nómina de BMW, que aprovechará los resultados de sus tesis en el diseño del i3. Otros fabricantes, como KUKA (robots) y Manz (prensas para materiales compuestos), se han implicado asimismo en la actividad investigadora de la universidad.
Ahora, multiplique esa intensa colaboración por docenas de universidades técnicas y facultades de ingeniería. En la Universidad Técnica de Renania-Westfalia en Aquisgrán (RWTH Aachen), más de veinte institutos investigan en técnicas punteras de producción, en cooperación con constructores de maquinaria, empresas de robótica e informáticas, con el propósito de idear procesos industriales tan eficientes que permitan a Alemania competir con países de mano de obra barata, como China. La RWTH Aachen está construyendo un parque industrial de 2000 millones de euros para las empresas participantes. El Instituto de Tecnología de Karlsruhe, especialista en ciencia de materiales y nanotecnología, colabora con las principales compañías químicas de Alemania, como BASF, en el desarrollo de nuevas sustancias para el almacenamiento de energías renovables. En la Universidad Técnica de Dresde, investigadores, fabricantes de microcircuitos y compañías de informática cooperan para conseguir circuitos integrados que consuman cien veces menos energía que los actuales.
El Gobierno del país desempeña una función clave en todo el proceso. Además de financiar excelentes laboratorios de ciencia básica, como los 80 institutos de la red Max Planck (que cubren disciplinas tan dispares como la física de partículas o la biología evolutiva), el país cuenta con la Sociedad Fraunhofer, la institución investigadora alemana de mayor éxito económico. Sus 60 centros reciben dinero del Gobierno lo mismo que de las empresas, motivo por el que se ajustan a una estricta lógica de mercado. Su presupuesto anual, que ronda los 2000 millones de euros, se beneficia de no pocos ingresos por patentes; por ejemplo, la del formato MP3 de compresión de audio, inventado en 1989.

CONFIANZA SINGULAR
Cada instituto Fraunhofer, en asociación con las universidades cercanas, actúa de correa de transmisión para todo un conjunto de compañías ligadas al centro y entre sí. Ello se consigue gracias a colaboraciones de investigación concebidas para idear nuevos procesos y productos. Existen centros para todo sector industrial imaginable, como el de investigación de polímeros para compañías químicas, el de óptica de precisión para fabricantes de sensores y láseres, o el de nanoelectrónica para la industria de componentes informáticos.
Varios de ellos, como el Instituto Fraunhofer de Tecnología de la Producción, en Aquisgrán, investigan el desarrollo de técnicas de reducción de costes. Y en lo que respecta a la investigación sobre materiales compuestos, en la ciudad bávara de Augsburgo existe un grupo de proyectos Fraunhofer que evolucionó a partir de un laboratorio de cohetes de los tiempos de la Guerra Fría. En asociación con la TUM y más de cincuenta empresas (entre ellas, BMW, Audi y EADS, la propietaria del Airbus), el centro de Augsburgo desarrolla materiales compuestos de fibra que no derivan del petróleo, sino de la lignina, la parte leñosa de las plantas.
Otro factor que facilita la transferencia de tecnología procede de los incentivos con los que cuentan investigadores e ingenieros para saltar de la universidad a la industria, y viceversa. De media, un científico procedente de un centro Fraunhofer acaba incorporándose a la empresa en un plazo de entre cinco y diez años. Por su parte, muchos de los mejores ingenieros de la industria imparten clase en alguno de los institutos Fraunhofer o pertenecen a su equipo de dirección. Klaus Drechsler, profesor y director del Instituto de Materiales Compuestos de Carbono de la TUM, trabajó un tiempo en la compañía EADS desarrollando materiales compuestos para el Airbus. Hoy es el responsable de fundar un nuevo instituto en Augsburgo para la investigación de materiales compuestos. Este tipo de saltos profesionales, claves para la difusión de conocimiento y tecnología, no resulta tan habitual en otros países, en los que, muy a menudo, los investigadores contratados por una institución estatal permanecerán en ella durante toda su carrera.
Esa colaboración intensa y compleja entre ciencia e industria es típica de la innovación alemana. En gran parte, ha ido fraguándose durante décadas de relación entre empresas grandes y pequeñas. Hoy, gracias a esa tradición de colaboración, cada una de ellas ya sabe instintivamente qué información puede compartir con las demás y cuál ha de reservarse para sí. «Esa confianza entre compañías e instituciones, que compiten entre sí tanto como cooperan, es única. No se observa en muchos países», señala Beñat Bilbao, economista del Foro Económico Mundial y coautor del último Informe global sobre competitividad, en el que año tras año Alemania aparece en los primeros puestos. En su mayoría, estas agrupaciones han crecido y evolucionado durante decenios (y en ocasiones siglos, como los antiguos relojeros de la Selva Negra que, en la actualidad, se han convertido en los principales productores de instrumentos quirúrgicos de precisión del mundo), por lo que no resulta fácil copiarles.
Hoy, Alemania continúa creando nuevas redes para las industrias incipientes. Una de ellas es BioEconomy Cluster, en las inmediaciones de Leipzig, en la que más de 60 empresas participan en el desarrollo de métodos de producción de plásticos y otros productos sintéticos a partir de biomasa, con el objetivo de reemplazar al petróleo no solo en la obtención de energía, sino también en la de productos derivados. A la hora de crear nuevos centros, la Sociedad Fraunhofer no parte de cero, sino que comienza con compañías e instituciones especializadas. «Nuestro método se basa en tomar algo que ya funciona y regarlo para que crezca», explica Hans-Jörg Bullinger, presidente de la institución. Para la creación del nuevo instituto de materiales compuestos de carbono, la red buscó compañías y departamentos universitarios ya existentes y les proporcionó financiación, personal y servicios.
Pero la segunda lección, explica Bullinger, es el compromiso a largo plazo. Los nuevos institutos Fraunhofer tienen asegurada la financiación de manera indefinida y se gestionan por sí solos, sin otra exigencia durante los primeros cinco años que la de duplicar el capital inicial con aportaciones de compañías privadas. También la inversión en la industria mira a largo plazo. Muchas de las fábricas punteras más innovadoras son empresas familiares que no viven angustiadas por los resultados trimestrales. La típica compañía tecnológica alemana se asemeja a Trumpf, una empresa familiar casi invisible, pero que ha sido líder en láseres industriales durante más de una generación. En la actualidad, factura más de 2300 millones de euros al año. Incluso en los peores momentos de la crisis financiera, la Sociedad Fraunhofer contrató 3000 nuevos investigadores. «Muchos países han tratado de imitarnos», añade Bullinger, «pero sus esfuerzos fracasan porque piensan a corto plazo».
Ese podría ser el error fatal de la reciente propuesta del Gobierno de EE.UU. para financiar con 1000 millones de dólares una red nacional de innovación industrial concebida según el modelo de la alemana Fraunhofer. De proceder a su aprobación, en dicha red participarían entidades públicas y privadas que, en colaboración con la industria, establecerían hasta 15 centros de tecnología industrial por todo el país. Hasta aquí, perfecto. Sin embargo, la financiación solo se fija para los primeros cuatro años. En opinión de Bullinger, un plazo demasiado breve para que empresas e investigadores se impliquen en proyectos serios. «El resultado más probable será una carrera para obtener dinero del proyecto, en lugar de algo sostenible», opina Bullinger. Con todo, apunta que no dejaría de suponer un primer paso en la dirección correcta.
Desde luego, el sistema alemán adolece de sus propios puntos débiles. La mentalidad germana, tan dada a la precisión, tal vez resulte más idónea para perfeccionar técnicas ya existentes que para concebir innovaciones radicales. Y el país ha sufrido períodos de tecnofobia en los que políticos y movimientos de protesta han ahuyentado a industrias punteras muy prometedoras, como ocurrió en los años ochenta con las de biotecnología. Con todo, el empuje alemán a la innovación industrial invalida el cliché que asocia fábricas con técnicas obsoletas, al tiempo que proporciona un ejemplo de cómo competir con China. Los estudiantes que se afanan por reinventar la industria en los laboratorios universitarios de Múnich ofrecen un modelo del que todos deberíamos aprender.

Sobresaliente: Alemania supera a EE.UU. en varias medidas del Índice de Competitividad Global; entre ellas, en la calidad de sus instituciones e infraestructuras.

Artículo publicado por Investigación y Ciencia, dic. 2012